martes, 23 de junio de 2009

explotación de personas


La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informa de que un número creciente de personas que son sacadas desde el Cuerno de África de forma ilegal son sometidas diariamente a la explotación y el abuso. Indica que proceden en su gran mayoría de Etiopía y Somalia y se dirigen hacia Sudáfrica, donde su sueño de alcanzar Europa, EEUU o Australia es interrumpido por las mafias que les roban , asaltan y explotan.

Unos 20.000 etíopes y somalíes son víctimas del trafico ilegal de personas cada año desde el "Cuerno de África" hacia Sudáfrica y, de promedio, pagan unos dos mil dólares por el viaje, que no tiene el final feliz que les han prometido.

No hace mucho me llegaron noticias de mujeres y niñas etíopes explotadas por estas mafias, ejerciendo la prostitución en las calles de Johannesburgo (Sudáfrica), información a la que no quise dar mucho pábulo hasta que me encontré con esto.

En la red también hay páginas en las que los "consumidores de turismo sexual", por llamarles de alguna manera, relatan sin pelos en la lengua sus viajes a Addís Abeba, cuáles son las "mejores zonas" de prostitución, cómo escoger los "mejores servicios" con menores, y otros detalles escalofriantes que nos ahorraremos. Son occidentales, por supuesto: europeos, americanos...tan de vuelta de todo, tan carentes de sentido de la ética y de la moralidad que viajan a un país necesitado para sacar partido de su empobrecimiento. Hay quien no merece ni el aire que respira.


Actualizo a fecha 5 de Julio 2009 con dos informes que he encontrado:

-Informe de EEUU sobre el tráfico de personas en Etiopía.

-Afrol News: Aumenta el tráfico de personas hacia Sudáfrica.



martes, 16 de junio de 2009

el valor de una imagen


El dia anterior a irnos de Addís Abeba lo pasamos en Entoto. Queríamos despedirnos de la ciudad a lo grande, recordando sus vistas desde lo alto. Entoto es la cadena montañosa que rodea Addís; en su cima hay un par de iglesias ortodoxas (Bete Maryam y San Raguel), un mercado lleno de tiendas con productos típicos y, en especial, la oportunidad de ver la inmensa ciudad desde una perspectiva global.


Junto a la iglesia Bete Mariam se ubica el antiguo palacio de Menelik II y su esposa Taitu. El complejo del palacio está custodiado por un guarda, un hombre de mediana edad, sencillo, bajito, menudo, que masca hierba de tabaco y al que le faltan algunos dientes. Mi amiga le fotografió el año pasado, cuando estuvo también en Addís. Se dirigió a saludarle aunque suponía que el hombre no la recordaría. Sacó una foto y se la mostró: era él mismo, en el mismo lugar, con la misma vestimenta, pero meses atrás. El hombre reía, no salía de su asombro al contemplar su propia imagen. Mi amiga le regaló la fotografía. Quizás ese hombre no tenía ningún otro retrato, al menos de sí mismo.


(*)Fotografía: entrada a la iglesia Bete Maryam, Entoto.

miércoles, 10 de junio de 2009

escribir con los pies


En nuestro viaje a Gondar visitamos el orfanato de las Misioneras de la Caridad de la orden de Santa Teresa de Calcuta. Las sisters nos recibieron amablemente, y una de ellas, Sister S. nos mostró todas las estancias: la zona de los niños más pequeños, con los bebés en sus cunas, muchos enfermos; el pabellón de los hombres y ancianos, donde los más viejos agradecen la más mínima caricia o muestra de cariño apretando tu mano con fuerza; la zona de las mujeres, algunas con sus bebés al pecho, otras esperando ser atendidas y recibidas por las Hermanas; la reservada a los enfermos más graves, con enfermedades tanto físicas como mentales...


En el pabellón infantil había un niño de unos 8 ó 9 años, no más, sentado en una cama. Sister S. le pidió que nos mostrara lo bien que escribía. Así lo hizo, y fue entonces cuando comprobamos que el pequeño estaba mutilado: no tenía brazos, sólo dos muñones en los hombros. Con pasmosa facilidad cogió el cuaderno con sus pies y lo abrió. Agarró un lápiz con sus dedos ágiles y escribió para nosotros, tímido pero orgulloso, su nombre en amhárico. Fue conmovedor verle escribir, saber que iba a la escuela a diario, aunque lo más probable es que le espere un futuro duro e incierto. Sister S. nos contó que vivía allí desde pequeño, abandonado tal vez por su condición de lisiado. Nos dijo que era un niño vivo e inteligente que quería estudiar. Le hubiera gustado ser médico. No iba a tener la más minima oportunidad de serlo.

A veces no quieres llorar, pero la rabia y la impotencia inundan tus ojos y las lágrimas resbalan imparables por tus mejillas.


(*)Fotografía: dos jóvenes nos saludan alegres desde su carro, en Gondar.

sábado, 6 de junio de 2009

bajo la lluvia de Gondar


Gondar es una ciudad centenaria en la que se adivina lo grandioso de su esplendor de antaño. Los castillos de Fasilidas, o lo que de ellos queda, se alzan orgullosos ante la mirada incrédula del viajero, que jamás pudiera imaginar esa suerte de construcciones medievales en Etiopía si no las viera con sus propios ojos. Aquí dicen que se inspiró Tolkien para escribir "El señor de los anillos", en todo caso una escena impresionante. En los baños de Fasilades celebran los lugareños de Gondar el Timkat, la Epifanía, bañándose en las aguas de la piscina real, qué ganas de volver para compartirlo...

Gondar es una ciudad que a pesar de su potencial turístico percibimos como muy empobrecida, pero desconozco si corresponde a la realidad de la zona. Muchos de sus habitantes emigraron a Estados Unidos y desde allí envían dinero a sus familias. Esto, junto al turismo que atrae el recinto real, permite que la ciudad tenga una entrada extra de divisas y que parte de su población no viva tan al límite.

El dia que visitamos Gondar llovía. Quizás por eso nos pareció más pobre de lo que es realmente, y tan triste, aunque tampoco lo es. A pesar de los vivos colores que encalaban algunas de sus casas, a pesar de la sonrisa de los niños que nos seguían y nos saludaban con la mano, la impresión fue la de una población muy humilde. La lluvia anega las plazas y los caminos de tierra. Forma barrizales que vuelven intransitables las calzadas. La lluvia ensombrece, la lluvia moja, la lluvia lo empapa todo. Cala hasta los huesos al anciano que mendiga en la calle, a las mujeres que venden frutas en la calle, a los niños que piden limosna en la calle.... Siempre en la calle. La vida en Etiopía se hace en la calle. Nos preguntamos dónde se resguarda cuando llueve la gente que vive a la intemperie. Dónde, cómo.

Ahora es temporada de lluvias en Etiopía. La misma lluvia que amamanta la tierra árida trae consigo el frío más gélido. Qué será de tantos etíopes que tienen como único techo un manto de estrellas. Que será de Gondar, qué será de sus gentes.


(*)Fotografías: ropa tendida en la veranda, Gondar.


miércoles, 3 de junio de 2009

mosquitos


No encontramos mosquitos en todo el viaje, alguno en Gondar; ir justo antes de la temporada de lluvias creo que evitó que nos cruzáramos con los molestos insectos. Pero "algo" nos picó en nuestras primeras noches en Addís Abeba. Pensamos que eran pulgas porque las picaduras eran insignificantes...al principio. Mi compañera se llevó la peor parte, le había picado un mosquito...el único con el que nos topamos en todo Addís le había tocado a ella. Su única picadura se infectó al rascarse, de tal forma que al llegar a Bahar Dar todo su cuerpo estaba cubierto de arriba a abajo de molestos y enormes granos que le picaban cada dia más.

Hubo un momento en que ya no soportaba rascarse, la infección era grande y sentía dolor, así que decidimos ir a una consulta médica en Bahar Dar. Eso nos permitió ver por dentro un hospital etíope. Nos atendieron en seguida, desconozco si fue porque éramos farenyis, porque íbamos acompañadas de un etíope o porque era una consulta rápida.

Mientras mi amiga estaba con el médico curioseé un poco por el hospital. En la entrada un mostrador y mucha gente esperando; y tras el mostrador una puerta abierta de par en par me condujo a un patio infestado de gente que esperaba: madres con niños desnutridos, ancianos con heridas purulentas, gente tendida en camillas rústicas. Me sentí observada de una manera extraña, hasta que reparé que llevaba la cámara de fotos colgada del cuello y sujeta entre mis manos. La guardé de inmediato. De ninguna manera hubiera fotografiado aquel lugar y aquellas personas enfermas, pero las miradas que recibí mostraban su reprobación. A veces los viajeros somos tan obvios...acercamos la cámara a las caras de la gente, a su pobreza, de forma casi obscena. Yo no iba a hacerlo, pero probablemente ellos lo pensaron. Eso y el saber que estaba husmeando en sus miserias me hizo encontrarme mal, me hizo sentirme como un mosquito que absorbe la sangre de su víctima, como un parásito que se alimenta de los desechos del otro. Salí de allí un poco confusa conmigo misma.

Antihistamínicos recetó el médico. Pagamos la consulta, una cantidad irrisoria, y nos despedimos. Más tarde, la visita a la farmacia tuvo también su parte curiosa. Los farmacéuticos no entendían a mi amiga ni con receta, y en ese momento nuestro amigo etíope no nos acompañaba, así que tuvo que hacer gala de su capacidad gestual para hacerse entender, simulando que se rascaba, echar mano del "amaringlish" y eso sirvió para relajarnos y reirnos un poco, farmaceuticos incluídos.


Sirva esta anécdota para recordar que el acceso a la sanidad en algunos hospitales etíopes es privado y eso impide que la mayor parte de la población pueda permitirse una simple consulta que a nosotras nos resultó tan fácil y económica. Hay muy pocos hospitales públicos y no siempre se facilita de forma gratuita algunos medicamentos, por lo que de nuevo su compra queda limitada a una parte muy pequeña de la población. Muchos acuden a médicos tradicionales que les recomiendan hierbas y ungüentos varios. En las aldeas más aisladas carecen de asistencia sanitaria. Las pequeñas clínicas suelen quedar a cientos de kilómetros y apenas tienen material médico. En algunos pueblos nos encontramos a varias personas portando a un enfermo en una camilla hecha con cuatro palos y una tela, en un camino que les llevará horas y que es muy posible que el enfermo no resista y muera en el intento.

Muchas enfermedades que allí causan la muerte y para las que no tienen acceso a la profilaxis o a las vacunas (malaria, meningitis) una simple infección que se extiende, allí es mortal y aquí tendría tan fácil curación que tal injusticia causa rabia, indignación, malestar, tristeza, impotencia...

Nosotras fuimos a un hospital con cientos de enfermos a la espera por una estúpida infección causada por una aún más estúpida picadura de mosquito...Farenyis, pensaría un etíope. Y no le faltaría razón.


(*)Fotografía: farmacia Gamby en Bahar Dar.

lunes, 1 de junio de 2009

Bahar Dar y el lago Tana


Bahar Dahar (o Bahir Dar) es una ciudad grande y con mucha vida, la capital de la región amhara. Y se nota en el movimiento de gente que pasa por la ciudad. Está situada al sur del lago Tana, donde nace el Nilo Azul. El Tana es el segundo lago más grande de África después del lago Victoria. Javier Reverte describe muy bien la belleza del lago en este magnífico relato.

A unos 30 kms de Bahar Dar podeis contemplar Tis Abay, las cataratas. Nos alojamos varias noches en el hotel Ghion, que es estatal y tiene un emplazamiento muy bueno a pie de lago, con un cenador exterior precioso. En su contra diré que está un poco deteriorado y con un par de arreglos sería un paraíso. Pero en este viaje eso era lo que menos nos preocupaba.


Los monasterios que se reparten a lo largo del lago son peculiares; se llega en barca, lo que hace de la excursión algo de lo más bucólico. Cuando las aguas del lago se calientan los hipopótamos ascienden a la superficie y se pueden ver de cerca. Visitamos los más cercanos en la península de Zegue, que permiten entrada a las mujeres: Debre Maryam, Kibran Gabriel, Ura Kidane Mehret y alguno más que ahora no recuerdo. Este último tiene el interés añadido de estar habitado por mujeres que cuidan el monasterio. Nos perdimos lo que dicen es el más impresionante y rico en manuscritos: Daga Estefanos, pero la entrada a las mujeres no está permitida.


Con la visión de los monasterios, y en especial de los monjes te sientes transportado a tiempos inmemoriales, pero dudamos que no tengan ningún contacto con el exterior, y muy probablemente mantengan parte de su apariencia de cara al turismo porque la mayoría viven de ello. De hecho en el hotel encontramos a un chico español que viajaba sólo y nos contaba que en su visita a Daga Estefanos, mientras el monje les mostraba solemnemente los manuscritos, el inoportuno sonido de un teléfono móvil interrumpió la sacra escena y sorpresa: el monje sacó un móvil de su bolsillo y contestó la llamada...


Las pinturas "murales" del interior de los monasterios son bonitas y coloristas, pero entrecomillo murales porque realmente no están pintadas al fresco sobre los muros, sino en láminas adheridas posteriormente al mismo. Desconozco si es así en todos los monasterios, pero eso nos resultó algo decepcionante. No es necesario contratar un guia , pero si lo haceis os explicará al detalle cada una de las escenas bíblicas y de los emperadores etíopes que adornan las paredes.


Encontrareis muchos niños vendiendo artículos de artesanía: reproducciones de las balsas de papiro en las que se desplazan; adornos con madera y pequeñas conchas...Están acostumbrados al farenyi y te siguen por todas partes hasta que consiguen que les compres algo.


Me gustó Bahar Dar, su bullicio, las conversaciones con su gente en la peluquería; la visita al médico que hicimos y nos permitió conocer un hospital por dentro; los zumos de fruta en las terrazas...No quiero idealizar Etiopía, cuando uno está de paso todo es maravilloso y la realidad del país es otra bien distinta...pero es mucho lo aprendido y son tantos los recuerdos, casi todos positivos y entrañables, que ahora que me paro a pensar no entiendo como tan pocos dias dan para tantas experiencias y emociones.

(*)Fotografías:
- Vistas del lago Tana y el embarcadero, desde el jardín del hotel Ghion.
- Monasterio Debre Maryam, lago Tana.
- Monje ortodoxo, lago Tana.
- Pinturas en Debre Maryam.
- Niña vendiendo cestería y balsas de papiro, lago Tana.