jueves, 16 de abril de 2009

Conociendo las aldeas etíopes


Partimos de Addís a las 5:30 de la madrugada. Nuestra intención era una ruta por carretera hacia Bahar Dar, pero finalmente fuimos hasta Gondar, nuestro acompañante nos aconsejó llegar hasta allí en una excursión de un dia desde Bahar Dar. Así lo hicimos y no nos arrepentimos.

Al salir de Addís cruzamos Entoto, todavía de noche. Nos encontramos con muchos atletas entrenando en el monte, corriendo, haciendo giros de cintura. No en vano Etiopía es cuna de grandes atletas como Abebe Bikila, Haile Gebreselassie y Kenenisa Bekele. Los más jóvenes quieren seguir sus pasos hacia el triunfo y entrenan desde primera hora de la mañana para conseguirlo. Observamos que Gebreselassie invierte en su país, vimos un par de edificios de nueva construcción en el centro de la ciudad que le pertenecen.

Subiendo Entoto también vimos a las primeras portadoras de leña del dia. Mujeres frágiles y menudas cargando pesados fardos de leña montaña arriba, en plena oscuridad. Es uno de los trabajos más duros y más humildes que la mujer puede desempeñar. Una escena que se repitió a lo largo de nuestro camino. En los márgenes de las carreteras, que les sirven de guia, mujeres y niñas, en ocasiones muy pequeñas, cargan la leña hasta sus aldeas donde algunas la venden y otras la usan en sus hogares como combustible.


Puedo decir que hemos visto Entoto de dia y de noche. Si bien de dia las vistas de la ciudad son espectaculares, de noche tienen un encanto único y especial, con la ciudad cubierta de luces y los primeros rayos de sol asomando a lo lejos muy debilmente. La vida empezando a despertar en la ciudad.

Una vez pasado Entoto, y ya amaneciendo, tomamos rumbo al norte. La carretera nos sorprendió muy favorablemente. Es nueva, está en perfectas condiciones, en muchas zonas pintada y señalizada . Nuestro acompañante nos explicó que era una donación de los japoneses, sin pedir nada a cambio (no como está haciendo China con la compra de terrenos para el cultivo) sólo una donación. A lo largo del camino nos fuimos encontrando con manadas de vacas guiadas por sus pastores, a veces hombres, a veces niños pequeños. Las reses cruzan la carretera constantemente y el conductor debe estar atento si no quiere tener un percance. Si uno atropella una vaca y la hiere o la mata tiene que pagarla a su dueño. El peligro de atropellar a una persona también es grande y hay que ir con mucho cuidado si se alquila un coche y pretende conducir uno mismo. Los etíopes ya están acostumbrados, pero a nosotros puede resultarnos una difícil tarea conducir tocando el claxon constantemente y esquivando animales durante un largo trayecto.


El tramo de camino que hicimos presenta un paisaje bastante verde y fértil, la tierra es roja y fecunda, de hecho vimos agricultores arando los campos, pero la sequía continuada hace que las cosechas sean pobres. En nuestros dos últimos dias en Addís comenzó a llover, e imaginamos que en las zonas rurales estarían celebrando con gran alegría la llegada de la temporada de lluvias, ya que hacía muchos meses que no caía ni una gota de agua. En los campos de teff hombres y mujeres separaban el grano del cereal de la paja, tal como se hacía hasta hace bien poco (y seguro se sigue haciendo) en muchas aldeas gallegas con el trigo, haciendo pequeñas montículos para acumular el cereal.


La "paja" del teff la aprovechan después para construir sus viviendas, tukules circulares con estructura de cañas de madera y tejado de paja. Mezclan la paja con desechos animales para darles más consistencia y lo usan a modo de cemento. Una vez seco no despide mal olor y cumple muy bien su función aislante.


Las aldeas o grupos de viviendas son muy dispersas, pueden pasar muchos minutos en coche sin ver una sola casa y de repente ante la vista aparecen un pequeño grupo de viviendas circulares en medio del campo. Cada cierto tiempo ese pequeño grupo de casas se convierte en un pueblito, con sus bares, incluso algún hotel, clínica y puestos con productos a la venta (caña de azúcar, frutas...) siempre a ambos lados de la carretera. La carretera es el centro de la actividad en los pueblos, por donde pasa el autobús para ir a la ciudad o a otras poblaciones cercanas, y lo que les permite mantenerse en contacto con la vida. Es curioso ver como los hombres y niños se sientan al borde mismo del asfalto, y el conductor tiene que aminorar la marcha al entrar en el pueblo y tocar constantemente la bocina para que nadie cruce delante del vehículo y la gente que camina por medio de la calzada se aparte a un lado.

El movimiento en las aldeas finaliza con la puesta de sol, ya que se guian por la luz solar. Es entonces cuando se retiran a sus hogares y descansan. A tempranas horas del dia siguiente les espera de nuevo el duro trabajo, en especial a las mujeres y los niños, que llevan la carga más pesada de las tareas del hogar.



(*)Fotografías: la calidad de las fotos no es muy buena, muchas las tomé desde el coche en marcha.

- Portadoras de leña en una aldea a unos 40 kms al norte de Addís. En la foto se puede apreciar el excelente estado de la carretera al norte, en contraste con el arcaico y pesado trabajo de estas mujeres.
- Niño guiando al ganado.
- Campos de teff.
- Tukul en una aldea a unos 50 kms al norte de Addís.


4 comentarios:

Ankami dijo...

Interesante relato delviaje. Muchas gracias por compartirlo.

Laura dijo...

Gracias por explicarnos tu viaje.
Laura.

migramundo dijo...

Debió de ser una experiencia fascinante, un constante contraste y un fluir permanente de sensaciones que no da tiempo de asimilar. A mí también me ha sorprendido ver en las fotos el estado de la carretera. ¡Mejor que muchas del primer mundo! Besos.

Fátima. Mamá adoptiva en Costa de Marfil dijo...

Debe ser muy bonito sumergirse en el interior de un país como Etiopìa y salirse de las tìpicas rutas que visitan casi todos los viajeros.
Bicos
Fátima