miércoles, 29 de abril de 2009

Para los adoptantes en Etiopia ( I )

Desde que volvimos de Etiopía he recibido muchos correos de padres y madres adoptantes, que pronto viajarán al país a buscar a sus hijos, preguntando acerca de la seguridad en Addís Abeba, dónde comprar alimentos o productos infantiles, dónde comer y alojarse.

No voy a entrar a discutir las directrices de las agencias de adopción sobre el viaje: algunas recomiendan determinados hoteles , incluso no salir del hotel con los niños. Mi viaje no fue de adopción, y aunque muchas de esas recomendaciones no me parecen acertadas, entiendo que hay grandes diferencias entre un viaje turístico y otro en el que se va a buscar a un niño, ya que en este último prima el interés por el bienestar del menor y no nuestras ansias por conocer la ciudad. Pero como en todo creo que hay un término medio, que pasear por la ciudad y tener contacto directo con sus gentes puede daros una perspectiva única y muy valiosa sobre el país del que proceden vuestros hijos. Personalmente no dejaría escapar esa experiencia siempre que la salud del niño lo permita y utilizando el sentido común, tal como haríamos en cualquier otro lugar del mundo. Vimos familias paseando libremente por la ciudad con sus hijos adoptivos, e incluso coincidimos con familias españolas que volvían al país con sus hijos adoptados años antes para conocer su lugar de procedencia , y se movieron con total naturalidad por el país.


Dejando aparte este tema, en el que cada uno tiene que tomar consecuentemente sus decisiones, el objetivo de estas líneas es acercar un poco lo que yo he visto en Addís con respecto a alojamientos, restaurantes, tiendas, etc, y quizás esta información le sirva de provecho a alguien.


-Vuelos:


Recomendamos comparar las tarifas de las diferentes compañías que vuelan a Addís, porque a veces las diferencias son enormes. Tened en cuenta el espacio Schengen para confirmar la ruta, ya que en países que no hayan firmado el acuerdo puede haber muchos problemas para volver con los niños. Nosotros volamos con Turkish Airlines a un precio excepcional y con muy buenos enlaces (Estambul no pertenece al acuerdo Schengen). También Egyptair , con escala en El Cairo, tiene precios muy buenos, pero en todo caso podeis volar a la ida, pero no al regresar con los niños.

En general la compañía que tiene mejores precios es Ethiopian Airlines, con un buen servicio además y un tiempo razonable entre trasbordos. Tiene descuentos para vuelos internos si vais a considerar viajar unos dias antes del encuentro y conocer otras zonas del país, y con Ethiopian no os encontrareis con problemas al regresar con vuestros hijos. La agencia de Ethiopian Airlines en España es Airmat, con sede en Madrid, en la calle Diego de León, nº 69, 4ºC (Tel. 91 4022718). Su correo electrónico es airmat@airlinesairmat.com. Se recomienda confirmar vuelo de vuelta con un par de dias de antelación ; la oficina de Ethiopian en Addís donde hacer esta confirmación de vuelo está en Bole Road.

Lufthansa ofrece también un servicio excelente, pero creo que las tarifas se disparan, y desde España los enlaces son peores.

Os dejo esta página donde comparar vuelos de distintas compañías.


-Alojamiento:

Lo mismo que con los vuelos, recomiendo comparar la oferta hotelera, teniendo en cuenta: la ubicación del hotel (que esté bien comunicado y cerca de tiendas y zonas de ocio o esparcimiento como cafeterías o restaurantes), el espacio exterior (patio o jardín para estar con los niños), y los servicios que incluya el precio ( TV, nevera y cocinilla en la habitación, acceso a internet,ect). Mi opinión es que en vuestro caso estareis con niños, algunos con meses de vida, pero otros con varios añitos, que necesitan aire libre y espacio para jugar y correr, y considero importante que el hotel o guest house tenga un patio o jardín. También que el hotel se encuentre "céntrico", cerca de tiendas donde podais comprar lo necesario para el niño, ya que aunque lleveis de España lo imprescindible, con un niño siempre se necesita hacer alguna compra.


Bole Road, por ejemplo, es una avenida enorme, como todas en Addís, donde teneis muchos hoteles y guest house disponibles, como el KZ Hotel, de nueva construcción, tranquilo, aunque sin jardín, o Yeka Guest House, una casa de huéspedes a la que van muchos adoptantes de otros países y parecen quedar muy satisfechos con el trato, los servicios y el precio. No está muy céntrica pero tiene jardín. Vale la pena tener en cuenta las guest house, porque muchas disponen de nevera en la habitación, una pequeña cocina y una salita incorporada, que facilita mucho la estancia con niños pequeños, sobre todo a la hora de preparar las comidas y cenas, o de calentar algún biberón que otro.

Alojarse en Bole Road tiene la ventaja de que está muy próxima al aeropuerto de Bole. Otras calles donde encontrareis todos los servicios son Churchill Street, la zona de Meskel Square y Piazza.Negrita
Otros sitios recomendables para alojarse con niños: el Hotel Ghion, que seguro que todos conoceis, con grandes jardines y zona de juegos para los niños; el Weygoss Guest House... ambos próximos al aeropuerto de Bole; también el Z Guest House , con un pequeño jardín; el New Flower Guest House, también con jardín y terraza, en Bole...y muchos otros.

Lo que no haría nunca, teniendo en cuenta lo grande que es Addís, es alojarme en un hotel en las afueras, o alejado de las zonas céntricas, porque tendreis que desplazaros en taxi constantemente para comprar lo que necesiteis, con el gasto adicional que conlleva, además de no disponer de algún lugar de ocio donde, por salud mental, cambiar de aires y explayarse con los niños (cafeterías, restaurantes...). Un ejemplo es el Addis View Hotel, que queda totalmente alejado del centro, en una zona montañosa en la carretera de Arat Kilo que va a las afueras, hotel que está recomendado por varias agencias, cosa que no logro entender después de haberlo visitado. No hablo del servicio y la atención, que seguro que son excelentes, pero sí de su nefasta ubicación. Si os alojais allí olvidaos de ir caminando a comprar a ningún sitio, incluidas cafeterías o restaurantes: tendreis que hacer todo vuestro gasto en el hotel y estareis incomunicados y obligados a coger un taxi cada vez que querais comprar algo para los niños. Tampoco su situación permite pasear por la zona con los niños porque está junto a una carretera y enfrente hay una zona montañosa que no permite el paseo. Además sus tarifas son bastante elevadas para tratarse de un hotel de extraradio.

En este enlace podeis consultar toda la oferta hotelera de Addís y de otras ciudades de Etiopia, los servicios y precios. Normalmente admiten reservas por internet o por teléfono sin problemas, aunque es preferible confirmar pocos dias antes de llegar para que conserven la reserva.


-Seguridad y comunicación:

Addís es una ciudad tremendamente segura. Nosotras paseamos libremente, también de noche y no tuvimos el menor problema. Una de las zonas con más medidas de seguridad es Bole Road, el centro de la vida administrativa y diplomática de la ciudad y donde se ubican la embajadas , también la sucursal de Ethiopian Airlines. Si visitais Merkato vigilad vuestras pertenencias porque es una zona muy concurrida, pero insisto, como en cualquier otro mercado o zona comercial del mundo.

Los etíopes son muy amables y atentos con los farenjis y los niños. Dudo que tengais problemas en ese sentido. Tampoco de comunicación si hablais inglés, aunque agradecen con una gran sonrisa alguna palabra o saludo en amariña. Si quereis aprender vocabulario básico en amariña teneis en cualquier librería o en el FNAC, en inglés, el Ethiopian Amharic Prhasebook de Lonely Planet, para sacaros de un apuro.


Dejaré para otro momento los transportes, compras, restaurantes e incluso lugares de interés a visitar (museos, iglesias...) aunque todo ello lo teneis muy bien explicado en la guia de Denberu Mekonnen, Rumbo a Etiopia, de Editorial Laertes, la única en español sobre el país; o en la de Lonely Planet , Ethiopia and Eritrea, en inglés.


(*)Fotografías:
- Bole Road y Churchill Avenue.


viernes, 24 de abril de 2009

El limpiabotas


Ya nos habían advertido que los etíopes dan gran importancia al aspecto, al atuendo y al calzado, y no entienden que los turistas vistan con ropa deportiva o tejanos raídos. Ellos, dentro de sus posibilidades, tratan siempre de ofrecer una apariencia limpia y cuidada.

A lo largo de nuestro viaje constatamos la elegancia de la mujer etíope, con sus pañuelos sobre los hombros, otras vestidas siguiendo la moda occidental, con peinados muy elaborados; el pelo trenzado las más tradicionales, y con extensiones las más modernas. En las zonas rurales la vestimenta de las mujeres y niñas se limita a la ropa más tradicional, vestidos y túnicas. Los hombres que vimos caminando por la carretera llevaban una suerte de mantas de cuadros, en tonos verdes, cruzadas sobre el pecho con gran estilo, que nos recordaron a la vestimenta masai.

Muchos no disponen de calzado, pero quien tiene zapatos, sobre todo en la capital y en las poblaciones más grandes, suele contratar los servicios de un limpiabotas para llevarlos impecables. Algunas calles de Addís Abeba son polvorientas, otras no están asfaltadas, los zapatos se ensucian con gran facilidad y para el etíope el calzado limpio es símbolo de buena presencia.


Muchos limpiabotas son niños, algunos pequeños de 7 u 8 años. Suelen tener un lugar establecido donde fijar su pequeño equipo de limpieza, pero a veces se desplazan por toda la ciudad en busca de clientes con sucios zapatos.

Tomé esta fotografía en Debre Markos, una bonita población a unos 300 kms al noroeste de Addís Abeba, que fue capital de la provincia de Gojjam, en zona amhara, donde viven principalmente del cultivo del teff, del maiz y de la producción de miel. El chico posó muy sonriente, sin pedir nada a cambio, sólo se ofreció amablemente a limpiarme los zapatos...



martes, 21 de abril de 2009

¿Dónde están los hombres en Etiopía?


En Etiopía, como en toda África en general, especialmente en las zonas rurales, el peso del trabajo lo llevan las mujeres. No es que los hombres no trabajen, pero sin duda lo hacen en menor medida y los trabajos más duros están destinados irremediablemente a las mujeres, a veces todavía niñas.

En nuestra ruta por carretera vimos, ya desde primera hora de la mañana, a veces todavía a oscuras, como las primeras portadoras de leña del dia caminaban penosamente monte arriba, pegadas a los bordes del asfalto para orientarse en su camino.


Mujeres y niñas, menudas, con la espalda doblada por completo, con fardos de leña que casi con seguridad duplicaban su peso. Curiosamente, al pasar por algún poblado, los hombres aparecían sentados próximos a la carretera, así que distinguimos claramente que sí, que en su mayoría eran hombres los que, sentados, charlaban entre ellos mientras las mujeres trabajaban.

En Addís Abeba el 90 por ciento de los obreros de la construcción son mujeres, muchas llegadas de las zonas rurales, que alquilan juntas una pequeña y humilde habitación y trabajan a la intemperie en condiciones pésimas. Los andamios son de madera, mucho más endeble que el hierro, no tienen ninguna medida de seguridad e impresiona verlas literalmente colgadas de las alturas. También vimos mujeres picando piedra en una obra en Akaki, zona industrial a las afueras de la capital, y muchas barrenderas en las calles de Addís.


Por fortuna también se ven mujeres en otro tipo de trabajos mejor remunerados, y cada vez más, pero son unas pocas privilegiadas y en las zonas rurales quien trabaja al cien por cien es la mujer: mujeres y niñas trabajando en el hogar, recogiendo leña, portando agua, atendiendo pequeños puestos de venta de fruta o verdura de algún pequeño huerto, y en la ciudad muchas mendigando.


Es cierto que muchos hombres abandonaron sus casas para ir a combatir en la guerra con Eritrea, dejando a la mujer a cargo de la unidad familiar. También casos en los que muere el cabeza de familia y la responsabilidad del hogar, los hijos y el trabajo lo asume la mujer. Pero hay también casos en que el hombre, de manera consciente, permite que sus hijas pequeñas trabajen o que su mujer sufra una dura jornada de trabajo sin ponerle mayor remedio, una cuestión cultural muy arraigada en toda África que supongo de difícil solución.


Un amigo etíope, gran trabajador por cierto y una honrosa excepción en este tema, nos decía en nuestro camino a través de las zonas rurales etíopes: "A veces, viendo trabajar en tan duras condiciones a estas mujeres me pregunto, ¿dónde están los hombres en Etiopía?". Nosotras también nos hicimos la misma pregunta.


(*)Fotografías:

- Mujeres portando leña en Addís.
- Barrendera, en Addís.
- Niña vendiendo caña de azúcar en una aldea etíope, junto a la carretera.
- Hombres ociosos en la calle, Akaki.


jueves, 16 de abril de 2009

Conociendo las aldeas etíopes


Partimos de Addís a las 5:30 de la madrugada. Nuestra intención era una ruta por carretera hacia Bahar Dar, pero finalmente fuimos hasta Gondar, nuestro acompañante nos aconsejó llegar hasta allí en una excursión de un dia desde Bahar Dar. Así lo hicimos y no nos arrepentimos.

Al salir de Addís cruzamos Entoto, todavía de noche. Nos encontramos con muchos atletas entrenando en el monte, corriendo, haciendo giros de cintura. No en vano Etiopía es cuna de grandes atletas como Abebe Bikila, Haile Gebreselassie y Kenenisa Bekele. Los más jóvenes quieren seguir sus pasos hacia el triunfo y entrenan desde primera hora de la mañana para conseguirlo. Observamos que Gebreselassie invierte en su país, vimos un par de edificios de nueva construcción en el centro de la ciudad que le pertenecen.

Subiendo Entoto también vimos a las primeras portadoras de leña del dia. Mujeres frágiles y menudas cargando pesados fardos de leña montaña arriba, en plena oscuridad. Es uno de los trabajos más duros y más humildes que la mujer puede desempeñar. Una escena que se repitió a lo largo de nuestro camino. En los márgenes de las carreteras, que les sirven de guia, mujeres y niñas, en ocasiones muy pequeñas, cargan la leña hasta sus aldeas donde algunas la venden y otras la usan en sus hogares como combustible.


Puedo decir que hemos visto Entoto de dia y de noche. Si bien de dia las vistas de la ciudad son espectaculares, de noche tienen un encanto único y especial, con la ciudad cubierta de luces y los primeros rayos de sol asomando a lo lejos muy debilmente. La vida empezando a despertar en la ciudad.

Una vez pasado Entoto, y ya amaneciendo, tomamos rumbo al norte. La carretera nos sorprendió muy favorablemente. Es nueva, está en perfectas condiciones, en muchas zonas pintada y señalizada . Nuestro acompañante nos explicó que era una donación de los japoneses, sin pedir nada a cambio (no como está haciendo China con la compra de terrenos para el cultivo) sólo una donación. A lo largo del camino nos fuimos encontrando con manadas de vacas guiadas por sus pastores, a veces hombres, a veces niños pequeños. Las reses cruzan la carretera constantemente y el conductor debe estar atento si no quiere tener un percance. Si uno atropella una vaca y la hiere o la mata tiene que pagarla a su dueño. El peligro de atropellar a una persona también es grande y hay que ir con mucho cuidado si se alquila un coche y pretende conducir uno mismo. Los etíopes ya están acostumbrados, pero a nosotros puede resultarnos una difícil tarea conducir tocando el claxon constantemente y esquivando animales durante un largo trayecto.


El tramo de camino que hicimos presenta un paisaje bastante verde y fértil, la tierra es roja y fecunda, de hecho vimos agricultores arando los campos, pero la sequía continuada hace que las cosechas sean pobres. En nuestros dos últimos dias en Addís comenzó a llover, e imaginamos que en las zonas rurales estarían celebrando con gran alegría la llegada de la temporada de lluvias, ya que hacía muchos meses que no caía ni una gota de agua. En los campos de teff hombres y mujeres separaban el grano del cereal de la paja, tal como se hacía hasta hace bien poco (y seguro se sigue haciendo) en muchas aldeas gallegas con el trigo, haciendo pequeñas montículos para acumular el cereal.


La "paja" del teff la aprovechan después para construir sus viviendas, tukules circulares con estructura de cañas de madera y tejado de paja. Mezclan la paja con desechos animales para darles más consistencia y lo usan a modo de cemento. Una vez seco no despide mal olor y cumple muy bien su función aislante.


Las aldeas o grupos de viviendas son muy dispersas, pueden pasar muchos minutos en coche sin ver una sola casa y de repente ante la vista aparecen un pequeño grupo de viviendas circulares en medio del campo. Cada cierto tiempo ese pequeño grupo de casas se convierte en un pueblito, con sus bares, incluso algún hotel, clínica y puestos con productos a la venta (caña de azúcar, frutas...) siempre a ambos lados de la carretera. La carretera es el centro de la actividad en los pueblos, por donde pasa el autobús para ir a la ciudad o a otras poblaciones cercanas, y lo que les permite mantenerse en contacto con la vida. Es curioso ver como los hombres y niños se sientan al borde mismo del asfalto, y el conductor tiene que aminorar la marcha al entrar en el pueblo y tocar constantemente la bocina para que nadie cruce delante del vehículo y la gente que camina por medio de la calzada se aparte a un lado.

El movimiento en las aldeas finaliza con la puesta de sol, ya que se guian por la luz solar. Es entonces cuando se retiran a sus hogares y descansan. A tempranas horas del dia siguiente les espera de nuevo el duro trabajo, en especial a las mujeres y los niños, que llevan la carga más pesada de las tareas del hogar.



(*)Fotografías: la calidad de las fotos no es muy buena, muchas las tomé desde el coche en marcha.

- Portadoras de leña en una aldea a unos 40 kms al norte de Addís. En la foto se puede apreciar el excelente estado de la carretera al norte, en contraste con el arcaico y pesado trabajo de estas mujeres.
- Niño guiando al ganado.
- Campos de teff.
- Tukul en una aldea a unos 50 kms al norte de Addís.


lunes, 13 de abril de 2009

La labor de Mediterránea ONG en Etiopía


A estas alturas quien haya pasado por aquí en alguna ocasión sabe que a menudo hablamos de Mediterránea . Conocí la ONG por casualidad y me alegro de que haya sido así. Mediterránea me permite dejar mi pequeño granito de arena en Etiopía. Su filosofía consiste en que cada céntimo llegue a su destino, los más necesitados, y esta vez pude comprobarlo en persona, junto a una amiga también socia, en Addís Abeba.

Mediterránea cree en la educación como base para el desarrollo de los pueblos. Por eso cuenta con dos escuelas en Addís: Abugida (en Akaki, una pequeña población a las afueras de Addís) y Teramaj Birhan (en el barrio de Yeka). La escuela de Abugida tiene también una clase de alfabetización de adultos para mujeres, aunque también se ha apuntado algún hombre. También cuentan con proyectos asistenciales: en la escuela los niños reciben tres comidas diarias que les permiten estudiar y son sometidos a reconocimientos médicos periódicos. Si se detecta alguna enfermedad Mediterránea corre con los gastos médicos.

Recientemente han creado la Casa de la mujer (Sietoch bet), donde se van a realizar talleres de formación profesional y de alfabetización a mujeres maltratadas, y en un futuro una consulta médica para atender a la mujer, sin duda la parte de la población más desfavorecida en Etiopía. Todos estos proyectos pueden conocerse en su blog.

Tuvimos la oportunidad de visitar una de sus escuelas, la de Abugida, en la que fuimos recibidas cariñosamente por los niños con cantos, besos y abrazos, en una escena muy emotiva. En la escuela se respira un ambiente de felicidad y alegría. Para no interrumpir más la actividad escolar, mientras los niños comían visitamos las aulas, que están muy bien equipadas con todo tipo de material escolar; también las cocinas, donde fuimos invitadas a comer por las sonrientes cocineras. Comimos lo mismo que los niños, un potaje muy completo y tan rico que repetimos plato...varias veces.


Después nos prepararon café según la típica ceremonia, acompañado de deliciosas palomitas de maiz. Nos recibieron con mucho cariño e ilusión, y pensar que esos niños (los más necesitados de su entorno) estarían posiblemente mendigando si la escuela no existiera me hace agradecer el gran trabajo de la ONG en Etiopía. Por todo esto y mucho más, Abugida ha recibido un premio del gobierno etíope como "escuela modelo" .


Todo esto requiere su esfuerzo. La responsable de Mediterránea para Etiopía, Victoria, viaja cada 3-4 meses al país. En esta ocasión lo hizo acompañada de la secretaria de la ONG, Cristina. Fuimos testigos del trabajo que supone organizar los gastos, los presupuestos y planos para la ampliación de las aulas, todo esto junto con el director de la escuela y el edir, ya que la escuela se mantiene gracias a la ONG, pero en colaboración con el kebele. Comprobamos que llevar a cabo un proyecto en Etiopía sin una supervisión constante e in situ de los presupuestos no es viable debido a la complejidad del país, y así se garantiza que todo el dinero repercuta al cien por cien en los beneficiarios: los niños.


Por circunstancias personales no pudimos visitar el resto de los proyectos, pero sí estar al tanto del nacimiento de la Casa de la mujer, y de la feliz noticia de la operación de Martha, que estos dias nos han anunciado en su blog. Con Martha nace un nuevo proyecto: la operación en España de niños etíopes con patologías no operables en sus país, que permitirá a estos pequeños mejorar notablemente su calidad de vida y optar a un futuro digno.

Además de su ética, lo que me ha convencido desde un principio de Mediterránea es su transparencia: siempre nos han abierto las puertas para visitar los proyectos sin inconveniente alguno; también nos permitieron acudir a las reuniones de presupuestos y de planificación con el edir, en la que Victoria y Cristina hicieron gala de una paciencia infinita en las largas conversaciones con los responsables de las escuelas. Imprescindible su presencia constante en el país para que las escuelas sigan adelante. Les agradecemos su gran simpatía y amabilidad, no tenemos más que buenas palabras para ellas y para todo su personal en Etiopía, y sin duda alguna: volveremos...


(*)Fotografías:

- Los niños nos reciben cantando a nuestra llegada a Abugida.
- Aula de la escuela de Abugida.
- Cuidadora dando de comer a un niño en la escuela de Abugida.



miércoles, 8 de abril de 2009

Las Misioneras de la Caridad en Etiopía


Son conocidas popularmente como las sisters. Las Misioneras de la Caridad , congregación fundada por la madre Teresa de Calcuta son, en mi opinión, de una ética intachable y realizan una impresionante labor en Etiopía. Se encargan de cientos de niños huérfanos, madres con sus hijos que viven a su cuidado, enfermos mentales de todas las edades (por desgracia también niños), ancianos enfermos y desahuciados...Asumen su alimentación, su tratamiento médico, les dan un techo bajo el que vivir y el trato humano que tanto necesitan. Muchos de estos niños con enfermedades incurables acabarán allí sus dias, pasando al pabellón de hombres y después al de ancianos...También se encargan de derivar a los niños adoptables a las diferentes agencias para que sean asignados a sus nuevas familias.

Todos aquellos adoptantes que tengais un niño asignado que esté en el orfanato de las sisters podeis estar tranquilos. Es cierto y justo que comparten estancia con otros niños, algunos enfermos, pues las Hermanas no hacen distinciones, pero en general están bien cuidados y alimentados, las cunas en perfecto estado, alineadas en habitaciones luminosas y bien ventiladas. Un niño en cada cunita. Algunos en sus hamaquitas, tomando su biberón de leche y cereales. Todo está limpio e impoluto. Las Hermanas y las cuidadoras se encargan de darles la leche adecuada a su edad, les asean convenientemente y les cuidan en la medida de sus posibilidades. Teniendo en cuenta el número de niños y adultos a su cargo, es posible que los niños no estén estimulados al cien por cien, pero es entendible cuando se visita el orfanato y se detecta el enorme trabajo de estas mujeres, pequeñas de estatura pero fuertes de espíritu.


Visitamos tres orfanatos de las sisters: Sidist Kilo en Addís, (tienen otro hogar en Asco House), otro de una población a las afueras de Addís, y el de Gondar, aunque tienen casas por todo el país. Entrar en el orfanato impresiona. Los niños que juegan en su entrada, muchos con enfermedades mentales, se acercan y sólo quieren que les cojas de la mano. Una pequeña en su silla de ruedas me miraba de lejos, cuando me acerqué, tomó mi mano y ya no quiso soltarla. Algunas mujeres con sus hijos esperaban ser atendidas. Tomé un bebé en mis brazos y su madre me dijo que me quedara con él porque ella no podía cuidarlo. Tenía otros tres hijos. Nunca olvidaré su mirada de resignación.

A pesar de la dureza y de que no soy creyente, salí de allí con una sensación de paz y serenidad, al comprobar que los niños están todo lo bien cuidados que puede estar un niño con los medios que tienen. En definitiva, los niños acogidos por las monjas son unos privilegiados frente a los miles de pequeños que tienen como única morada las calles. En todos los hogares de las sisters fuimos recibidas amablemente, nos mostraron todas las estancias, de bebés, niños, adultos y enfermos, incluso nos permitieron hacer fotografías que, tal como prometimos, no vamos a difundir. Allí dejamos, en representación de un grupo de personas, ropa, medicamentos, y dinero que habíamos recaudado además de cereales que nos pidieron expresamente las sisters, y otros encargos particulares que nos hicieron y que cumplimos a rajatabla.

Las sisters reciben cualquier tipo de donativo con gratitud, ya que cada céntimo es necesario para el mantenimiento del Hogar. Lo aclaro porque no es la primera vez que alguien me dice que en su agencia le han comentado que las Misioneras "no admiten donativos". Sí lo hacen porque de ello depende la supervivencia de muchas personas que tienen a su cargo. También he oído de las mismas agencias que son un tanto hurañas y que hay que andar con diplomacia al dirigirse a ellas. Sin embargo, nos encontramos con monjas muy humanas, abiertas, receptivas y risueñas. Amablemente nos abrieron sus puertas y nos dedicaron su tiempo y su afecto. También acogen voluntarios. Entrando en este enlace podeis informaros del voluntariado si es de vuestro interés.

Es mucha la gente sin recursos que mendiga en el exterior del edificio, o que simplemente aguarda ser acogido en su interior. Las Hermanas reparten de forma periódica comida entre los necesitados del exterior, tal como pudimos comprobar. Disponen de plumpy nut, pudimos ver muchas cajas que seguro destinan a los casos más graves y urgentes de desnutrición, quizás a los pequeños que viven en la calle.

He dudado mucho si escribir acerca de las sisters o no hacerlo, pero creo que puede ayudar a que muchos de los que viajeis a Addís os animeis a visitar el orfanato y hacer alguna contribución, aunque sea poco será bien recibido. Sé que ha surgido un debate sobre los donativos a las casas de acogida de las agencias de adopción. Cada uno es libre de hacer lo que considere oportuno, pero mi opinión personal es que en las tarifas de adopción ya están incluídos los gastos de mantenimiento de estas casas, y en los orfanatos de las sisters (y en muchos otros), también en las calles de la capital y de los pueblos, se quedan muchos niños huérfanos que nunca serán adoptados, niños "mayores", niños enfermos, y con esas aportaciones podemos mejorar su calidad de vida y ayudar, aunque solo sea un poquito, a Etiopía y sus gentes, que tanto nos dan y a los que tanto queremos.


(*)Fotografía: Madre Teresa de Calcuta: "Una de las cosas más importantes de la vida es dar y ofrecer a quienes viven en nuestro entorno el amor que hemos recibido. Dar hasta que nos duela"


martes, 7 de abril de 2009

Anécdotas de la vida en Addís Abeba


Uno de los objetivos de mi viaje era demostrar a mi regreso a mi familia y amigos que Etiopía es algo más que las imágenes de tierra árida y niños desnutridos que aparecen en los medios de comunicación; difundir dentro de mis posibilidades la esencia de la cultura etíope que he logrado asimilar en estos escasos 14 dias y espero seguir admirando y aprendiendo en mis próximos viajes al país. Por eso me dediqué a tomar casi de forma compulsiva cientos de fotografías que confirmaran que Addís Abeba es una ciudad moderna, que lo es, donde además se pueden ver algunas escenas no tan modernas, como una manada de vacas cruzando por sus calles, por ejemplo...

Como ya he comentado, Addís es una ciudad donde lo contemporáneo se codea con las tradiciones más arcaicas. Una gran ciudad donde se puede comprar practicamente todo tipo de productos a precios muy asequibles para el farenyi, con la excepción de algunos artículos de importación que se adquieren a precios muy similares a los de España.

La vida en la ciudad comienza muy temprano, con los primeros atisbos de la luz solar, por la que se rigen para llevar a cabo sus actividades diarias. Por tanto la hora etíope empieza a contar sobre las 7 de la mañana , que para ellos es la hora 1, las 8 serían las 2 hora etíope, y así sucesivamente. Los que vayais a viajar al país no os preocupeis por este detalle y simplemente ajustad el reloj dos horas más tarde que en España.

Suelen comer pronto, entre las 12:30 h y las 13:30 h y la oferta de comida es variada. Se les da especialmente bien la elaboración de platos italianos como la pizza, buenísima, o la pasta, sobre todo los spaguetti con todo tipo de salsas. En general suelen condimentar bastante los platos con especias y picante. Quien quiera probar la comida tradicional deberá pedir injera, que como sabeis es una gran crepe hecha de harina de teff (cereal típico del país), que se adereza con distintas salsas e ingredientes y se come con las manos. Nuestra preferida era la injera with vegetables sauce, ya que el sabor de las verduras era más suave que la carne o el pollo, y quizás menos picante. A través de un amigo etíope supimos que el gobierno del país no va a permitir la exportación de teff a EEUU, que paradojicamente pretendía comprarlo para incluirlo en productos dietéticos, porque eso subiría mucho el precio interno del cereal e imposibilitaría su compra a los propios etíopes, provocando una crisis alimentaria aún más grave ya que el teff es la base de la comida etíope.


Con respecto a la bebida, pudimos encontrar agua embotellada sin problema en toda la ciudad (de las marcas Highlands, Abyssinia,etc ) y en todos los pueblos en los que paramos en nuestro camino por carretera hasta Gondar, hasta en el pueblo más remoto, Pepsi y Mirinda incluídas. Nos costó un poco más encontrar Coca-Cola, debido al cierre temporal de algunas de sus fábricas (habían agotado el stock) pero los últimos dias ya pudimos verla en algunas tiendas.


Por cierto, nos portamos muy mal y contravinimos todos los consejos que el Ministerio de Asuntos Exteriores y las guias de viajes dan a la hora de emprender un viaje por Etiopía y Africa en general: desde el primer dia nos lavamos los dientes con agua del grifo, comimos ensaladas (lavadas con agua del grifo claro), bebimos zumos de frutas naturales hechos en fresco en pequeños bares, comimos comida muy picante (injera)...y tuvimos la suerte de no pasar ni un solo episodio de la llamada "diarrea del viajero". Nada de nada. Aunque si vuestro organismo es sensible a los cambios de agua y alimentación os recomiendo que no sigais nuestro ejemplo, es tentar a la suerte.

En la ciudad tuvimos agua corriente y caliente en todo momento y no sufrimos cortes de electricidad, pero sí en las afueras, donde nos encontramos un dia sin agua para ducharnos y con corte de luz hasta las 10 de la noche, medida que suelen tomar de vez en cuando para el ahorro eléctrico, algo muy frecuente y comprensible no solo en Etiopía, sino también en otros países africanos. El acceso a Internet no nos causó problema, aunque es muy lento. Curiosamente en Bahar Dar tuvimos una conexión rápida y continua, a pesar de estar a más de 500 kms al norte de la capital. Eso sí, la cobertura del móvil que no falte. Es curioso comprobar como casi todo el mundo dispone de teléfono móvil y siempre hay cobertura, tanto en Addís como en otras poblaciones que visitamos.

Retomando el tema culinario, si estamos invitados a comer en casa de un etíope no faltará tras la injera el aromático buna, que se prepara siguiendo la ceremonia del café. Esta ceremonia lleva su tiempo, porque el café se presenta en grano, se tuesta, se hace la infusión, se cuela y se sirve en varias tomas. Nosotras lo tomamos acompañado de una especie de pan amargo suponemos hecho con teff, y en una ocasión (en la visita a la escuela de la ONG Mediterránea Abugida, en Akaki) de...riquísimas palomitas de maíz! Sea cual fuere el acompañamiento, el café es delicioso, aunque bastante fuerte, y es una agradable experiencia tomarlo en compañía de una familia etíope. En nuestro caso, haciendo gala de una gran hospitalidad, una familia nos invitó a su casa sin apenas conocernos, sin pedir nada a cambio, y ya no pudimos salir de allí sin tomarnos al menos un par de tazas de café tras presenciar la típica ceremonia.


El ocio en Addís depende del nivel social y de la zona en que uno se mueva. En las calles pudimos ver como los niños y los jóvenes disfrutaban del deporte rey con los desvencijados futbolines, el invento gallego que triunfa en Etiopía. No sólo en la ciudad, en las zonas rurales también observamos el fenómeno futbolístico. Los jóvenes de nivel social "medio", casi todos estudiantes, se reúnen al atardecer en bares y terrazas y beben zumos de frutas, buna, macchiatos y bira (cerveza).

A pesar de la impresión que nos causó la ciudad y su pobreza, por la noche, dispuestas a conocer todas las facetas de Addís, decidimos animarnos y fuimos partícipes, todo hay que decirlo, de la movida nocturna de la ciudad, con sus animados bares con pinchadiscos y otros con música en directo. En uno de ellos, al ver unas farenjis bailando, nos dedicaron música hispana: estar en Addís y escuchar a Enrique Iglesias resultó una experiencia un tanto surrealista... Algunos locales se dedican en exclusiva a los típicos espectáculos y danzas etíopes, orientados hacia el creciente turismo y que se situan sobre todo en las calles más concurridas de Piazza aunque pueden encontrarse casi en cualquier zona de la ciudad.

Esto es lo que nosotras pudimos vivir a pie de calle. Es evidente que hay otros puntos de encuentro, como el lujoso hotel Sheraton, por ejemplo, donde tomar una cena opípara por 70 € y codearse con la clase pudiente de la ciudad y con los turistas de primera línea, pero no era ese el objetivo de nuestro viaje. Aunque al llegar al aeropuerto de Bole vivimos una anécdota curiosa y acabamos en el Sheraton...y un poco más tarde metidas en una limousina del hotel rumbo a nuestra humilde guest house...Cosas de la vida en Addís, una ciudad donde casi todo es posible.


(*)Fotografías:

- Injera with vegetables sauce.
- Cartel publicitario de Coca-Cola en el lago Tana.
- Ceremonia del café en casa de una familia etíope.



domingo, 5 de abril de 2009

Addis Ababa, primeras impresiones


Llegamos a Addís Abeba a las 4 de la madrugada. Nos encontramos una ciudad dormida y en silencio. De camino a nuestra guest house encontramos un bulto en la calle. Era un pequeño saco de plástico y mi intuición me hizo preguntar a mi acompañante si ese bulto inmóvil sería un niño, incluso pensé en tocarlo con el pie para comprobar si se movía. No sé porqué, pero no lo hice. A las pocas horas, tras una ducha y un buen desayuno, decidimos emprender nuestro primer paseo por Addís. Al salir de la casa observamos estupefactas que aquel bulto que habíamos visto horas antes se abría y asomaba la cabeza de un niño pequeño de 5 ó 6 años que salía del saco. Había dormido dentro del plástico cerrado, hecho un ovillo, para protegerse del frio nocturno. Los siguientes dias intentamos localizar al niño para darle una manta y algo de comer, pero no fue posible.

En las calles de Addís Abeba duermen muchos niños, la mayoría en pequeños grupos para darse calor, y en las calles secundarias encienden pequeñas fogatas para ahuyentar el frio. Pero ese niño estaba solo. Creo que fue la escena que más me impresionó de todo el viaje, a pesar de haber visto cosas bastante más duras.

Muchos niños buscan en las alcantarillas su refugio. Cuando llueve, las alcantarillas comienzan a abrirse y cientos de niños emergen a la superficie de la ciudad, saliendo de su escondrijo anegado por las aguas. Es supervivencia pura y dura. Mendigan, algunos solos, los más pequeños al pecho de sus madres para causar más compasión en el viandante. Otros pequeños son captados por mafias que les obligan a pedir por las calles. Otro negocio más a costa de explotar a los menores.Situaciones que nosotros jamás podremos entender desde nuestra cómoda posición, situaciones que tienen difiícil solución. Por mucha cumbre G20 que se convoque y que a los niños de la calle, si es que saben que su presidente les representa en ella, les parecería frívola y casi burlesca.

Addís es una ciudad caótica, no tiene una organización radial, por tanto no hay un centro específico de la ciudad, pero tampoco es cuadriculada, sino un cruce de calles sin ton ni son, que le confiere un encanto especial. Ellos se organizan perfectamente y encuentran el orden dentro del desorden de sus calles. Una muestra de ello es el tráfico intenso, y sin embargo raras veces hay altercados o accidentes, ni pérdidas de paciencia en el caos circulatorio de los miles de coches que cruzan las calles y avenidas principales. También en el parque móvil se aprecian los contrastes: vehículos destartalados de más de 20 años conviven con flamantes Toyota Land Cruiser 200, que estoy en condiciones de afirmar que en el mercado español tienen un valor de 90 mil euros...

Quizás la zona más segura para el turista sea Bole Road pues es el centro neurálgico político-administrativo, en el que se concentran todas las embajadas y algunas de las suntuosas mansiones de los altos cargos, observamos que aquí la vigilancia policial es grande. Otras calles destacadas son Piazza, Churchill Street, Africa Avenue y la zona de Merkato, una enorme barriada llena de tiendas donde se mueve gran parte de las divisas de la ciudad e incluso del país. Sin olvidar Meskel Square, que es zona de encuentro de varias calles y donde encontramos una parada para tomar los minibuses muy concurrida.


En Addís se puede comprar de todo, siempre que tengas dinero para pagarlo...No en vano es la capital del país y sede de la Unión Africana, una gran ciudad con más de 6 millones de habitantes...extraoficialmente. Grandes supermercados como Denbel, centros comerciales como el Friendship en Bole, cafeterías con el aromático y excelente buna, macchiatos y repostería buenísima, zumos naturales dignos de probar, de mango, papaya, aguacate...todo a precios muy asequibles para el farenyi. Merece la pena probar la injera, aunque el primer dia me resultó muy mala, aprendí que, como en todo, hay diferentes calidades de injera y distintos ingredientes, así que con una buena elección puede resultar un plato delicioso. Nosotras nos quedamos con la injera with vegetables sauce, nuestra preferida. Fue probarla y ya no poder prescindir de ella.


Paseando por sus calles, en todo momento nos hemos sentido seguras, muy bien acogidas y respetadas. Sus gentes son hospitalarias y abiertas con los extranjeros. Con el etíope y el africano en general siempre hay que regatear precios, ya que es norma habitual y muy comprensible que intenten sacar algo de los farenyis ( foreigners, extranjeros) a los que presuponen un nivel económico más elevado, pero rara vez desconfiar que puedan robarnos. Al menos nosotras lo hemos percibido así. Volvería sola (volveré sola) sin dudarlo, con las precauciones lógicas a tomar en cualquier gran ciudad del mundo, pero sin ningún temor.

Addís me robó un pedacito de corazón, allí dejé parte de mi alma y espero que de mi conciencia. A pesar de la pobreza y la indigencia, de los fuertes contrastes, me ganó, me convenció. Es una ciudad donde convive lo moderno y lo arcaico hasta alcanzar límites insospechados. Pero me cautivaron mucho más aún las poblaciones que después visitamos y que dejaré para otra ocasión...


(*)Fotografías:

- Bole Road desde la terraza del KZ hotel, en domingo, con muy poco tráfico.
- Zona residencial detrás de Bole Road.



sábado, 4 de abril de 2009

Etiopia en el corazón


Creo que tardaré algún tiempo en hablar de Etiopía...

Tengo un enorme nudo en el estómago, tanta morriña... un cúmulo de imágenes, miradas y sonrisas en la retina, personas maravillosas grabadas a fuego en el corazón, demasiadas ganas de volver otra vez y tantas historias por digerir...



(*)Niñas del lago Tana, Bahar Dar (capital de la región amhara).