miércoles, 11 de febrero de 2009

Vivir entre la basura


Una amiga que ha estado recientemente en
El Cairo me ha hablado de los encantos de la ciudad. También de lo decepcionante que pueden ser las tan visitadas zonas turísticas, en contraposición con lo sorprendentes que pueden resultar lugares tan poco vistos como el que ella ha tenido oportunidad de visitar: la ciudad de la basura de El Cairo.

La Ciudad de la basura es un reducto dentro de la capital egipcia; se levanta en medio de la inmundicia y la insalubridad . Desde hace varias décadas, este barrio, con más de 45.000 residentes, cristianos coptos en su totalidad, se ha transformado en una auténtica planta de reciclaje de desechos de plástico, aluminio y papel.


Un suburbio en el que la gente vive de la basura, se la lleva, literalmente, a su casa, la recicla y la vende. Esto provoca una acumulación de desechos tan grande en las calles que el hedor se hace insoportable para los que no están acostumbrados a caminar por sus calles. Los pobladores de esta ciudad comparten su hábitat con los cerdos que se alimentan de los restos orgánicos, y con las ratas, enormes, que en alguna ocasión ya se han comido un pedacito de oreja de algún niño, o incluso parte de sus dedos.

Según palabras de mi amiga, que lo ha vivido y amablemente me lo ha transmitido: "cafetitos con sus mesitas y sus sillas entre montañas de basura, niños subidos a pequeños tiovivos entre montañas de basura...ratas como elefantes...los portales de las casas como las calles, repletos de basura y las mujeres rebuscando sin guantes dentro de las bolsas...un olor indescriptible..."


La comunidad vive por y para la basura. Los zabaleen, como se conoce en árabe a los recolectores de la basura, desempeñan una profesión reservada desde hace más de un siglo a esta minoría religiosa (los cristianos coptos sólo representan el 10 por ciento de los 77 millones de egipcios), ya que este tipo de trabajo es considerado sucio por la mayoría musulmana.

A diferencia de otras zonas marginales, la ciudad fue dotada de infraestructuras básicas, porque sus vecinos estaban prestando un servicio público del que no se hacía cargo el gobierno egipcio. Aunque está lejos de parecerse a un vecindario residencial: sus calles embarradas son muy difíciles de transitar por las toneladas de basura amontonadas frente a las entradas de las casas, y las ratas y el olor pestilente predominan en el lugar. Pero al menos hay una escuela, un pequeño centro de salud, comercios y una oficina de Correos, y los zabaleen se han organizado en una cooperativa, que se formó en 1987 y agrupa a 7.000 trabajadores que cada mañana salen a recoger más de dos mil toneladas de basura, puerta a puerta, en la zona sur de El Cairo.

Después, los zabaleen cargan las bolsas en furgonetas pick-up o en carros tirados por burros y las llevan al Mukkatam. Allí, la depositan en las entradas de sus hogares y toda la comunidad (hombres, mujeres y niños) se pone manos a la obra en la difícil tarea de separar los desperdicios ajenos y empaquetarlos en sacos para después distribuirlos en las máquinas instaladas en los bajos de las casas para el proceso de reciclaje.


El 85 por ciento de la basura se recicla y el resto se lleva al vertedero de Turah, al norte de El Cairo. Los zabaleen revenden el material reciclado, lavado y comprimido a las fábricas locales, pero también lo utilizan para fabricar sus propias perchas y otros utensilios domésticos de plástico.

El reciclaje se ha convertido así en la principal fuente de ingresos de las familias de los recolectores de basura, que ganan menos de un euro al día. La precaria situación laboral de los cabezas de familia obliga a sus hijos a trabajar en el negocio desde corta edad, lo que lleva al absentismo escolar.

Así, resulta dífícil para estas personas encontrar una forma diferente de vida. Muy pocas tienen la oportunidad de conseguir ingresos por vías diferentes. Además, de alguna manera la comunidad está preparada para esta forma de vida. En la ciudad de la basura todo está perfectamente organizado; cada calle se especializa en un tipo de desecho: plásticos, latas, chatarra, papel y detritos orgánicos, que utilizan para alimentar a los cerdos.

La cría del cerdo es una práctica habitual entre los coptos, que no consideran impuro a este animal. Además, la venta de carne porcina es muy rentable, pues la consumen diez millones de egipcios, parte de la población extranjera y los restaurantes internacionales.

A pesar de que las condiciones de vida de los recolectores de basura han mejorado sustancialmente en los últimos 30 años, el gobierno ve este trabajo como una vergonzosa lacra del pasado y quiere sacar a un batallón de cerca de 70.000 zabaleen del negocio para sustituirlos por empleados, con uniformes brillantes y botas de colores, formados y contratados por empresas de limpieza extranjeras.

Pero mientras estas aspiraciones se concretan, lo único cierto es que estas personas continuarán viviendo de la basura, sus calles y su organización seguirán girando alrededor de los desperdicios de El Cairo, y seguirán siendo una minoría religiosa dedicada al trabajo más mísero y humilde que otros jamás se dignarían a realizar y por el que además les discriminan.


(*)Fotografías: mujer buscando en la basura, niño entre los desechos y zabaleen con su hija.
Peter Dench.



9 comentarios:

Fátima. Mamá adoptiva en Costa de Marfil dijo...

Yo estuve en Egipto y en El Cairo unos cuantos días ya la verdad es que me quedé asombrada de lo atrasado que está el país. Siempre creí que Egipto estaba más desarrollado sobre todo gracias al turismo, pero sin embargo es fácil ver a la gente durmiendo tirada en la calle encima de una rama de palmera o un saco de tela y nada más, sin ninguna posesión más. ¡¡Muy fuerte!!
Fátima

Anónimo dijo...

Muy interesante tu articulo, Emma.
Solo añadir que los cristianos prefieren vivir de y en la basura ya que estando en comunidad se sienten mas protegidos.
La comunidad copta esta terriblemente discriminada y de hecho es dificil verlos fuera de su habitat.
Son ataque frecuente de las iras de los musulmanes radicales y no pueden acceder a muchos trabajos, entre ellos los oficiales ( por ej un copto no puede ser policia).
Saludos
Victoria

Anónimo dijo...

Me ha encantado esta entrada (bueno, el resto también). Está claro que hay otros mundos y están en este.
Eugenia

emma dijo...

Muchísismas gracias a todos por vuestras aportaciones,
especialmente a Victoria y a Eugenia por toda la información que a menudo me facilitais.
besos

elcaminante dijo...

Quería que conocieses una campaña solidaria que se está realizando para ayudar a escolarizar a los niños de los pastores masáis. Aquí puedes informarte mejor: http://www.elcaminombt.com/index.php?secc=4

emma dijo...

Gracias Caminante,
me voy ahora mismo a la página a conocer la campaña
un saludo!

migramundo dijo...

Impresionante historia, compañera. Se me ocurren muchas reflexiones sobre lo que acabo de leer: sobre pobreza, el atraso, la miseria, la necesidad, la discriminación, la marginación... Gran trabajo. Saludos.

emma dijo...

Gracias Guillermo,
he tenido mucha ayuda,
bicos

elcaminante dijo...

Gracias a ti, Emma.