viernes, 6 de febrero de 2009

Una voz masai contra la mutilación genital de la mujer



Antes de nacer, la vida de Agnes Pareyio tenía ya un capítulo escrito. Su paso de la infancia a la edad adulta pasaba por extirparle el clítoris y los labios vaginales. Sin anestesia, sin más. Con 8, 10 o 12 años, debía ser su adiós a la inocencia; un hasta siempre a la esperanza. Pero ella reescribió su destino.

Nacida en el seno de la comunidad masai de Kenia, integrada por unas 500.000 personas, Agnes dijo 'no'. No a un rito cultural que yan han padecido entre 100 y 140 millones de mujeres en el mundo, la mayoría en el continente africano.

"Cuando iba a la escuela, muchas de mis compañeras, al volver a sus aldeas, eran mutiladas", cuenta esta activista elegida Mujer del Año de su país por la ONU en 2005. A las que se negaban, se les rapaba la cabeza para marcarlas socialmente. Aquí empezó su lucha, la que ahora -hoy es el Día contra la mutilación genital femenina- ha venido a contar a Madrid de la mano de la ONG Mundo Cooperante.

Al principio, una simple talla de madera le sirvió como instrumento para explicar en qué consistía el crudo ritual. Aldea a aldea y escuela a escuela, recorrió cada rincón de su distrito, el de Narok, al suroeste del país. A todo el que quiso escucharla le habló de las tremendas consecuencias físicas y psicológicas que supone la mutilación para las niñas.

Un dolor insoportable, cicatrices internas enormes, hemorragias, pérdida del estímulo sexual, futuros problemas en el parto, incontinencia crónica... Eso si la infección no se complica y la tradición se lleva por delante la vida. Hoy, el 54% de las mujeres masai sufre aún esta tortura. "Antes, era el 97%". La batalla, que tiene otro frente contra los matrimonios forzados con menores, va dando resultados.

Agnes realiza su labor en el centro Tasaru Ntomonok, que significa 'Rescate de la mujer'. Por aquí pasaron el año pasado casi 700 jóvenes. "Muchas huyen de sus aldeas para no ser mutiladas, están días vagando solas, sin rumbo, asustadas, hasta que llegan a nuestros centros", explica. Allí, se les proporciona una atención integral. "Ahora hemos abierto un segundo centro en el norte de Narok, en la localidad de Upper Melili", añade Agnes.

Su arma frente a esto no es otra que la educación. Repite la palabra una y otra vez. "Hay que hacerles ver que la mutilación es una agresión y que viola los derechos de las niñas, insiste. "Hay que plantearles que se pueden hacer otros rituales que representen el paso de la niñez a la vida adulta, sin renunciar a sus raíces"..

"Sueño que las niñas masais ya no son mutiladas, que pueden cumplir su ciclo educativo". El camino es largo y probablemente seguirá habiendo obstáculos, pero Agnes no se rinde. "Mi sueño se va a cumplir", sentencia esbozando una sonrisa. ¡Ojalá!

Reportaje completo en El Mundo


Enlaces de interés:

- Hay que cortar con la tradición.

- Cada minuto, cuatro niñas sufren la ablación.



4 comentarios:

Victòria dijo...

Parece mentida que la humanidad no evolucione sobre algunas de las tradiciones más inexplicables... Cómo somos tan tontos???

emma dijo...

Disculpa Victoria, no había visto tu comentario. Hay tradiciones que se asientan sobre la base de la ignoracia de los derechos de la mujer.
muy triste este tema
besos

Anónimo dijo...

hola yo soy mexicana y la verdad yo sufri al ver esta aberracion pero hoy se que hay personas mujeres y hombres que luchan para que esto ya no se practique me duele tanto que la gente tan ignorante le haga esto asus hijas y mas las madres no por el hecho que le hiceron eso a ellas, sus hijas deben de tener el mismo destino hagamos conciencia y luchemos por un mundo sin ignorancia por que eso es lo que es un mundo de machos ignorantes y tras de ellos una mujer que los apoya y eso ya no debe de ser hay que levantar la voz y que sea escuchada y gracias por que se que no estoy sola se que muchos mas se preocupan por esas niñas que sufren al igual que yo al haber sabido eso...

emma dijo...

Hola Mexicana, gracias por tu comentario. Es muy dura la situación de las mujeres que sufren ablación en el mundo, en especial en África occidental.
Un saludo