miércoles, 14 de enero de 2009

Racistas selectivos


De vez en cuando se publican estudios sobre lo racistas que podemos llegar a ser , aún sin saberlo. El último de ellos afirma que todos nosotros llevamos un racista en nuestro interior, que aflora en condiciones extremas o cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas o desconocidas con personas de otras etnias. Frases como "no soy racista pero...con los gitanos no puedo", nos llevan a pensar incluso en un racismo selectivo que, además de discriminar por etnias lo hace por situación social y económica. Y mucho peor, parece que la base visceral del racismo es resistente a la educación. Que por encima de los valores y la educación para la igualdad, siempre estarán los prejuicios . No quiero creer que sea así.

El racismo más dañino, sin embargo, aún siendo el más agresivo, no es el que va de frente. Para ese hay defensa, hay una advertencia previa que nos hace estar alerta, identificar la situación y afrontarla con los recursos de que dispongamos. Pero, ¿y el racismo de guante blanco? Ese racismo sutil y solapado , consentido por habitual, y que hace más daño, si cabe, porque lo practican los que "no son racistas, pero...". Esos no racistas que asaltan el mundo del deporte imitando a simios en los campos de fútbol, gritando impunemente desde la grada "negro de mierda". Esos no racistas que protestan porque los moros o los negros les quitan el trabajo.

Ese racismo que va de puntillas lo hemos intuído también en el tratamiento que los medios de comunicación y muchos individuos le hemos dado al tema de Gaza. Aclarar, llegado este punto, que en estos casos toda protesta es necesaria, que toda muerte injusta merece un grito de basta ya y que me adhiero al sentimiento antiviolencia, pero ¿por qué alzamos nuestra voz por unos y no por otros?

Estos dias, con el conflicto de Gaza, vemos como media Humanidad se subleva contra la barbarie, sale a las calles, manifiesta su desacuerdo, su absoluta repulsa, su indignación. Pero también observamos con estupor, como ese racismo selectivo se traslada sin complejos al terreno colectivo. Porque los muertos de Congo, como los de tantos otros lugares olvidados, no han merecido ni un sólo desfile de pancartas. ¿Acaso son muertos de tercera, cómo me apuntaba mi amiga Eugenia? Los medios de comunicación apenas dedican unos minutos a informar de estas tragedias olvidadas, aplicando distintos parámetros para medir el dolor humano. Total, es África. Que unos negros se maten entre ellos no genera intereses políticos ni económicos en Occidente. Mientras eso sí, en el mostrador del banco o del supermercado la octavilla de alguna ong nos saluda con la imagen de un famélico niño africano y nos permite dedicar un minuto a lavar nuestras conciencias donando un euro porque hemos visto por la tele que allí mueren muchos niños. Casi siempre son negros los niños de las postalillas esas, oye, siempre africanos y por tanto negros.

Es ese racismo selectivo el que hace que, consciente o inconscientemente, nos sintamos más identificados con personas con ciertos rasgos, de ciertas etnias y lugares, y eso nos hace promoverlos en dignos destinatarios de manifestaciones y protestas...¿es esa la explicación, quizás? ¿O se trata de un tema político-económico? ¿Y los que no se nos parecen? Los del inframundo. Los que pueblan lugares lejanos, ajenos a nosotros, diferentes, con pieles de ébano, economías al borde del suicidio, habitantes de tierras asoladas por el hambre, por el sufrimiento continuo, como si ya estuvieran resignados a lo que les toca vivir, y nosotros habituados a verlo, a tragarnos esa realidad de un bocado sin masticarla apenas y por tanto menos proclives a elevar nuestras voces por los que ya están acostumbrados a la muerte y la ignominia, como si por eso fueran menos dignos de nuestra solidaridad.

¿No merecen éstos que abandonemos por un momento nuestro cómodo sofá, dejemos de lado los esnobismos y salgamos a la calle en grito unánime? ¿Es el racismo selectivo el que hace que los muertos negros, los muertos de países empobrecidos, los muertos de países empobrecidos sin interés económico ni político,... sean de tercera?



4 comentarios:

Laura dijo...

Buff Emma... qué bien hablas... muchos de estos sentimeintos y pensamientos los tengo y los he tenido.
Gracias por ponerlo en palabras.
Laura.

Ester dijo...

gracias...me ha encantado la reflexión y sin dudao me será de ayuda y me hace plantearme muchas cosas.

Un beso, Ester.

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Anónimo dijo...

Creo que fue Hannah Arendt quien dijo que sólo se podía considerar enemigo a alguien si le deshumanizamos. Y creo que esto es lo que hacemos. CUánto más lejos, cuánto más distintos, menos humanos nos parecen. Quizás no con la parte racional -como cuenta este estudio que citas- pero sí con la parte emocional. ¿Cuántos muertos europeos tiene que haber en un accidente para que sean noticia, cuántos latinoamericanos, cuántos africanos?
Eugenia

José María Díaz dijo...

Tristes y reales palabras. Es fácil observarlo, solo le tienes que decir a una persona que sus nuevos vecinos serán una familia de gitanos o una familia de inmigrantes. Quien niegue cual sería la contestación mayoritaria, incluso me atrevería a decir superior a un 80% es que se autoengaña. Juzgamos socialmente, sin conocer al que está enfrente, y eso hace que nos tropecemos con verdaderos descubrimientos. El problema surge cuando generalizamos y no nos fijamos en las personas individualmente.

Desgraciadamente pienso que de una u otra manera todos somos racistas. Ojala se pudiera cambiar pero no se como.