miércoles, 22 de octubre de 2008

Solidaridad

José María Márquez no quería ser otro europeo que llegara a África para imponer soluciones preconcebidas. Deseaba sumergirse de lleno en la cultura local, escuchar, compartir, sentirse uno más. Por eso viajaba en transporte público, dormía donde la noche lo encontrara, caminaba descalzo como la mayor parte de las personas a su alrededor.Tal vez lo más curioso de la peripecia vital de José María sea que, no mucho tiempo antes de renunciar a usar zapatos, trabajaba en Ámsterdam para el banco ABN Amro, formando parte de un mundo en el que, como hoy reconoce con ironía, “lo más importante era la corbata Hermès amarilla”.

Un cambio de vida.
José María nació en el seno de una próspera familia de Madrid. Cuando llegó la hora de perfilar su futuro, estudió empresariales y derecho pues deseaba hacer carrera en algún banco de negocios.A los treinta años de edad había alcanzado los objetivos que se había propuesto. En el ABN Amro se dedicaba a gestar proyectos de gran envergadura como centrales térmicas, puentes y carreteras. En lo material, gozaba de un excelente nivel de vida. Sin embargo, tenía la sensación de que algo le faltaba."Me sentía a gusto, pero me daba cuenta de que mi satisfacción estaba relacionada con el ego. Me encantaba que me dieran la palmadita en la espalda y que me dijeran: Muy bien, has cerrado esta operación. Pero, ¿cuál era el límite? Primero una operación de mil kilos, después una de diez mil. Y nunca acababa de encontrar la felicidad".


Desembarco en Malawi.
Fue así como pidió un año de excedencia en el banco y, junto a su novia, partió a trabajar como voluntario a Calcuta. Al principio, en los hogares de la Madre Teresa no se sentía demasiado útil, ya que se limitaba a bañar y dar de comer a los pacientes."Con el tiempo comprendí que al limpiar a los enfermos, me estaba limpiando a mí mismo por dentro, estaba aprendiendo a sacarme el reloj, a entregarme a los demás", afirma. El desembarco en África se dio por casualidad. Tenía pensado pasar los últimos seis meses de su excedencia laboral en América Latina. Sin embargo, su dentista de toda la vida le recomendó que fuera a Malawi, pues acababa de crear una ONG para ayudar a este pequeño país del África Septentrional.
De los primeros tiempos en Malawi recuerda, ante todo, la generosidad de la gente. "En el Sur aprendes a vivir el presente. Y yo creo que esa es la verdadera clave de la felicidad. Vivir el ahora, vivir el momento. Y, sobre todo, no basarte tanto en los resultados sino en la acción. Todo lo contrario de lo que hacía en el banco".
Con la ayuda económica de sus amigos del mundo financiero, y codo a codo con los africanos, puso en marcha desde pozos de agua hasta hospitales.


África Directo.
Tras haber pasado ocho años en África, José María Márquez decidió que había llegado la hora de regresar a España. Junto a su mujer, una fisioterapeuta holandesa a la que conoció en Malawi, sentó residencia en Madrid, donde se dedica, a través de la ONG África Directo, a coordinar, financiar y desarrollar proyectos en buena parte del del continente. Una de las características de África Directo es que al estar formada íntegramente por voluntarios carece de gastos de gestión y el 100% de las aportaciones llegan a los beneficiarios.
Visitar la página merece la pena. Hay cartas de voluntarios escritas desde distintos puntos de Africa,contando su experiencia, proyectos de colaboración , historias personales, como la de Hanna, una pequeña que hace unos meses fue operada a vida o muerte gracias a la mágica palabra "solidaridad"...cosas interesantes en las que reflexionar.
La vida de José María es casi un fábula: la historia de cómo se puede ser infeliz teniéndolo todo , y sin embargo lograr la paz y la satisfacción personal ayudando a quien más lo necesita.

Como colofón os recomiendo "El monje que vendió su Ferrari", de Robin S. Sharma, casi una fábula, de fácil lectura, narra como otro próspero hombre de negocios da un giro a su vida y decide dedicarse a los demás.


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