martes, 21 de octubre de 2008

Lecciones de antropología africana, Mallart y los evuzok


Os dejo unas reflexiones de Lluis Mallart, ex misionero catalán, antropólogo. No tienen pérdida. De cómo aceptar la realidad y la esencia del otro sin pretender desvirtuarla...

"Los evuzok son una etnia africana, en el actual Camerún, con lengua y cultura propias. ¡Yo soy hijo de los evuzok! He convivido años con ellos, y me consideran un evuzok que está pasando esta vida metido en un cuerpo de blanco.Yo era sacerdote y llegué como misionero en 1961 al poblado evuzok: fui a África para convertir negros al cristianismo. No convertí a ninguno. Me convirtieron ellos a mí. Me convirtieron a la antropología.

En el trato cotidiano con ellos descubrí que yo era misionero por una inclinación hacia el otro, y que esa inclinación tenía un límite. Ese límite es juzgar al otro. Si juzgas al otro, ya no le quieres otro, le quieres igual a ti. Y, claro, el misionero juzga: le dice al otro que debe cambiar algo supuestamente malo por algo supuestamente bueno…Yo no supe condenar: fracasé. Prefería indagar, entender. Así fue cómo los evuzok me descubrieron que yo no era misionero, sino antropólogo: el antropólogo observa sin juzgar.

Al llegar, me negué a vivir apartado, así que me alojé en casa de Mba Tobies, un hombre con dos esposas, Jeanne y Christine… Sí, se supone que yo debía condenar la poligamia… ¡y Christine me pidió que la bautizase! Como misionero, yo debería haberle exigido que primero se separase del marido… Pero separarse la obligaría a volver a la casa de su padre, y al marido a devolver la dote… ¡Una tragedia para dos familias! Así que le dije a Christine que olvidase lo del bautizo.Hasta que un buen día la bauticé en casa, sin más, y santas pascuas. Lo hice.

Con la jerarquía eclesiástica tuve tantos desencuentros... Yo participaba en Agermanament, un grupo de misioneros que pretendíamos serlo sin colonialismo…Intentábamos africanizar la misa: un día usé media calabaza local para tomar el vino de la eucaristía… y me intoxiqué. ¡Era venenosa! Mala pata. Otro día dispuse en exóticos cocos las lamparitas de aceite…, y atrajo a una marabunta de hormigas. Otro día usé una calabaza alargada como búcaro: a los evuzok les pareció grotesco ver flores en una calabaza… Una botella de cerveza vacía era para ellos más lujosa. Todo un aprendizaje, vamos... Aprendí sobre todo la complejidad de su pensamiento religioso y médico, entendí su concepción el mundo. La he estudiado a fondo.

Los evuzok sostienen que esto que llamamos realidad es reflejo de la realidad real. Lo que nos sucede es reflejo de algo sucedido en el plano de realidad verdadera… al que algunos saben acceder, para modificarla. Como son "negros", "primitivos", despachamos su pensamiento tildándolo de "magia", "brujería"… Pero ¿qué otra cosa es el mundo de las ideas de Platón sino esa realidad evuzok? Pero, claro, Platón era un griego blanco y no un africano negro, y por eso lo estudiamos en la universidad.

En las universidades no estudiamos el pensamiento de los pueblos africanos . Y eso me escandaliza. Es lamentable. Nosotros queremos que respeten nuestra lengua, cultura e identidad, ¡pero despreciamos las otras! ¡Menudo ejemplo! A mí, fíjese, ningún evuzok me pidió nunca papeles… Al contrario, me han acogido siempre en sus casas.

Los catalanes, que tan orgullosos defendemos nuestra identidad, ¡lo primero que le pedimos al otro es que disuelva la suya! ¡Vaya! ¿Convivir consiste en disolver la identidad del otro? Sí, ellos dicen que estoy volviendo a recordar como antropólogo todo lo que ya sabía como evuzok y que había olvidado como blanco.

Mi conversión de misionero en antropólogo tuvo algún momento determinante.Un hombre me preguntó un día por qué les condenábamos por adorar huesos de sus ancestros si nosotros teníamos relicarios con huesos de santos. Y me dijo que somos más fetichistas que ellos, que nunca se les ha ocurrido decir que un trozo de galleta es Dios…Como estas, tantas cosas… Además, allí me enamoré de una cooperante catalana, y en 1968 nos fuimos a París a estudiar antropología, colgué los hábitos, tuvimos hijos…

¿Son los cooperantes de las ONG de hoy los nuevos misioneros? Yo iba a salvar almas, ahora van a salvar cuerpos... Yo ya he aprendido a no salvar a nadie. Somos tan arrogantes que vemos a los africanos por lo que podemos darles, y no por lo que ellos pueden aportarnos. ¿Y si, en vez de consolarnos tanto haciendo el bien, nos esforzásemos un poquitín en conocerles?"


Mallart es una institución: sus viejas grabaciones de canciones y leyendas de labios de los evuzok son hoy un tesoro custodiado por la Universidad de París. Algunas pueden oírse en un CD que acompaña a su libro.
Podeis conocer a Mallart y su experiencia con los evuzok a través de la atenta lectura de "Soy hijo de los evuzok,la vida de un antropólogo en Camerún", Editorial Ariel. Para los amantes de la antropología , una delicia. Para todos, una gran lección de Fe en el ser humano. Refleja muy bien lo que fue un intento de "colonización espiritual" por parte del misionero al pueblo evuzok, y de cómo dejó su misión en favor de la observación antropológica y del aprendizaje de las costumbres de un pueblo,que no merecían ser desvirtuadas en nombre de la Fe cristiana, sino estudiadas y respetadas.
Otra referencia bibliográfica: "El antropólogo inocente", de Nigel Barley, el relato real de un antropólogo que decidió abandonar durante un tiempo la vida académica de la universidad para realizar trabajo de campo y convivir durante un tiempo con el pueblo Dowayos de Camerún, estudiar sus formas de vida y convertirse en un antropólogo de verdad.



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